Plagio académico
El diccionario de RAE nos define plagiar como “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias.” Se ha identificado como un problema significativo en muchas instituciones educativas y se han generado modelos y herramientas para prevenirlo e identificarlo. Pero más allá de los enfoques preventivos y policíacos sobre el plagio, me parece necesario que reflexionemos sobre lo que significa el plagio desde la perspectiva del aprendizaje profundo:
1. Mediante el plagio, el estudiante revela que no puede aprender, que no quiere aprender o que no le interesa aprender. De cualquier manera, es un S.O.S. que requiere nuestra atención e intervención.
2. El plagio también nos deja ver que algo no está bien en la relación profesor-estudiante.
3. El plagio es en esencia un acto de infidelidad hacia el aprendizaje. Los que plagian no están amando el aprender, le están siendo infieles. Más allá de ser una falta de respeto para el profesor, es una profanación al acto sagrado del aprender. El plagio es en realidad es una desacralización del aprendizaje. Plagiar es una negación del yo, es una acto de inautenticidad .
La pregunta fundamental es cómo fomentamos el amor hacia el curso, hacia el aprendizaje, hasta el punto en que el plagio deja de ser una alternativa. ¿Cómo creamos esa relación significativa con nuestros estudiantes para que puedan ser fieles con el curso? ¿Cómo le dejamos ver al estudiante que en última instancia en el acto de plagiar el más que pierde es él? Podemos comenzar con lo más básico:
1. Estableciendo una relación estrecha y significativa con nuestros estudiantes.
2. Transmitiendo la actitud de que nos importa genuinamente que aprendan
3. Transmitiendo la actitud de que nos importa su bienestar académico
4. Proveyendo apoyo en situaciones estresantes. Creando un nivel de incertidumbre saludable pero conociendo cuando debemos dar un poco de certeza.
5. Haciendo el acto de aprender un proceso relevante para sus vidas. La no-relevancia del aprendizaje contribuye grandemente al plagio
Debido a que el plagio transciende el ámbito académico, la manera en que la institución y los educadores responden al mismo es vital para transmitir los valores en que creemos. Si no logramos que amen y sacralicen el proceso de aprender, estaremos estimulando el plagio en y después de la vida universitaria. Esa es en resumen mi sencilla propuesta: El amor al aprendizaje es la estrategia más efectiva para combatir la deshonestidad académica.

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